Don Feliciano Peña; un anciano que vive la cruda realidad de la pobreza - Barahoneros

domingo, 20 de noviembre de 2011

Don Feliciano Peña; un anciano que vive la cruda realidad de la pobreza


Por: Benny Rodríguez

Barahona.- Para muchos la pobreza tiene cara de hereje y los más supersticiosos piensan que se trata de una maldición, sin embargo, hablamos de un problema serio y muy complejo que podemos apreciarlo en diversos aspectos de la sociedad.

Ni pensar que se trata de una condición dada, su existencia pone en peligro el más importante de los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida y socava la dignidad de las personas, por lo que se requiere que desde el Estado se apliquen políticas destinadas a reducir la pobreza.

Don Feliciano Peña Cuevas, de 72 años, tirado en el suelo, como pasa el día y la noche, pero a nadie, absolutamente a nadie importa este drama humano.



Ese fenómeno social lo vive Don Feliciano Peña Cuevas, que a sus 72 años vive la cruda realidad de la pobreza: ciego, sin encontrar que comer, viviendo en una casucha techada de hojalatas con piso de tierra, sin ni si quiera una letrina en donde hacer sus necesidades y, peor aún, durmiendo en el duro suelo sin que a nadie le importe.

El anciano, a quien la vida parece hacerle una mala jugada, reside en el sector Los Guandules del barrio Palmarito, ubicado en la parte baja de esta ciudad, junto a un hermano suyo de nombre Carmito Peña Cuevas, su esposa , Ángela Jiménez y cinco hijos, a los que, también, se traga la miseria, la tristeza, la desolación y el abandono.

Se quedó ciego en Neyba

Algunos, bromean que la miseria entre dos cabe a menos, es a lo mejor lo que ocurre a Don Feliciano, oriundo del municipio de Neyba, provincia Bahoruco, quien al quedarse ciego, su hermano, Carmito, lo trae a vivir con él a la ciudad de Barahona, paradójicamente por el estado de abandono en que se encontraba en su comunidad de origen.

Sin embargo, su situación es de tan extrema pobreza que no le ha permitido darle una mejor vida, quien más que vivir, muere cada día por la falta de un derecho humano fundamental: el derecho a la alimentación y a la vida, consagrados en la nueva Constitución de la República.

“Yo me lo traje a vivir a mi casa, pero mis condiciones económicas no me permiten ni siquiera darle qué comer. Aquí estamos viviendo de la caridad pública, de lo que nos pueden dar los vecinos. Él tiene que dormir en el suelo y pasarse el día tirado ahí donde usted lo ve porque no hay ni siquiera una silla donde sentarlo para que esté cómodo”, se queja Carmito Peña, impotente y aparentemente resignado a su desgracia que no es dada ni viene del cielo.

Sin pena ni gloria

Todo el día, desde que amanece hasta que es llevado al interior de la humilde casita en que vive con su hermano, su esposa y cinco sobrinos, se la pasa tirado en el suelo.

Desde que siente que una persona se le acerca, lo primero que atina a decir es: “por favor si es tan amable, regáleme un pan que tengo hambre”, una escena desgarradora que sensibiliza hasta el más de los crueles.

Carmito Peña Cuevas y su esposa Ángela Jiménez, parados en la casucha en que viven en el barrio Los Guandules del sector de Palmarito, parte alta de la ciudad de Barahona

Pero, no sólo que comer no tiene Don Feliciano Cuevas, sino que, ni siquiera que vestir, con unos trapos sucios y falto de higiene se pasa todo el tiempo, en tinieblas por su ceguera, deseando encontrar una mano amiga que le facilite, por lo menos, una comida al día y una cama donde acostarse.

Este hombre y su hermano solo aspiran a poder encontrar quien pueda ayudarlo a pasar el resto de sus días con un poco más dignidad o como bien lo expresa su hermano con una fe, impotencia y resignación inquebrantable: “hasta que Dios disponga de su vida.

Él no habla mucho, la edad y la miseria de cada día, a lo mejor han contribuido con ello. Sus palabras son entrecortadas que apenas podemos escuchar que le ofrezcamos un pedazo de pan.

Solidaridad

Don Feliciano, su hermano Carmito Peña Cuevas, la esposa de este, Ángela Jiménez, esperan la solidaridad de quienes puedan ayudarlos a palear un poco el estado de miseria y de abandono en que se encuentran.

Carmito destaca la solidaridad de los vecinos quienes de cuando en vez le regalan lo que pueden, sin embargo, piensa que su situación no es de un plato de comida o un pan un día, sino de una acción sistemática que permita poder alimentar a Don Feliciano cada día para alargar su existencia.

Es por esa razón piden la colaboración de cualquier persona, autoridad o institución que se interese por su caso y puedan ayudar ir en su auxilio, a los fines de contar con una vivienda en mejores condiciones y hallar que comer ellos y sus hijos e hijas.

Cualquier ayuda o comunicación, las personas pueden hacerlo a través de los periodistas José y Leo Cornielle, a los teléfonos: (829) 206-9578 y (829) 471-4308.