
Tradicionalmente una franquicia conservadora con el gasto, los Miami Marlins (de Florida, hasta el viernes anterior) han estado haciendo mucho ruido desde que se abrió el mercado de agentes libres de Grandes Ligas la semana pasada. Si incluimos la altisonante contratación de Ozzie Guillén como manager, entonces la bulla se extendería a los últimos días de la temporada regular del 2011. Junto con la apertura de un nuevo estadio cerca del centro de Miami y el cambio de nombre y colores, los Marlins quieren reforzar el cuadro que enviarán al terreno desde el próximo abril, condición básica para mantener en sus asientos a los escurridizos aficionados del sur de La Florida.
Los nombres de Albert Pujols, José Reyes, Mark Buehrle y Ryan Madson han girado como moscas alrededor de la nueva casa que inaugurarán los Marlins en el 2012. Ese cuarteto probablemente costará más $400 millones de dólares en el mercado.
Diferentes reportes, de adentro y fuera de Miami, especularon que los peces habrían ofrecido cerca de $300 millones a la pareja dominicana de Pujols (alrededor de $200 millones por 9 años) y Reyes (entre 80-90 millones por 6 años) al tiempo que han tocado bases con el lanzador abridor Buehrle y el cerrador Madson. Madson estuvo cerca de quedarse en Filadelfia por $44 millones.
Independientemente de los resultados de esas diligencias, Miami ha enviado un mensaje claro y potente al resto de sus rivales en la División Este de la Liga Nacional: Los Marlins están decididos a cambiar su imagen de "patito feo".
Y si finalmente no pueden firmar a todos los jugadores que han perseguido, lo más probable es que igualmente terminen gastando un dineral en otras opciones menos lujosas. Esta sería la segunda, no la primera, intervención agresiva de los Marlins en el mercado de agentes libres desde que la franquicia ingresó a las Grandes Ligas en 1993.
Después de finzalizar la temporada de 1996 con 80-82 -- la mejor marca de su joven existencia -- Florida nombró a Jim Leyland como manager, procedió a gastar $90 millones en los agentes libres Moises Alou ($25 millones por 5 años), Alex Fernandez (5 años $35 millones), Bobby Bonilla (4 años por $23,3 milones), Jim Eisenreich, John Cangelosi y Dennis Cook.
El año anterior el club había firmado a tipos como el jardinero Devon White y los lanzadores Kevin Brown y Al Leiter, antes de comenzar la temporada de 1997 adquirió a Cliff Floyd desde Montreal y en el primer mes de acción otorgó a Gary Sheffield el mayor contrato de la historia del béisbol ($61 millones por 6 temporadas) en el momento.
Esa novena súper cara consiguió su principal objetivo evidente, ganando la Serie Mundial en 7 juegos ante los Indios de Cleveland, pero falló en agregar la intención disfrazada que tenía el propietario Wayne Huizenga de que le construyeran un parque exclusivo para béisbol.
Debido a la apatía de las autoridades locales, Huizenga reaccionó, primero saliendo de sus peloteros estelares y dejando que el club perdiera más de 100 juegos en 1998, y segundo, vendiendo el equipo a John Henry -- actual dueño de los Medias Rojas de Boston -- al final del año.
Desde entonces, los Marlins han debido lidiar con una especia de veto de los aficionados, que buscaron todas las excusas habidas y por haber para no ir al estadio que compartió el club de béisbol con los Dolphins de la NFL. Ni el título del 2003 logró recuperar la confianza del público.
Ahora tenemos a los Marlins nuevamente haciendo ruido en el mercado, con un dirigente pintoresco y una cartera repleta de dinero. Aunque con la enorme diferencia de un estadio techado justo en el corazón de la Pequeña Habana, lo que en cierta forma elimina el fantasma de una venta al vapor a final de la próxima temporada.