
Por: Alejandro Santana.
Señora Guillermina, con el respeto que usted me merece, con el respeto que merece su dolor, rabia e impotencia, pero por la vida de mi colega Héctor J. Caamaño no comparto sus convicciones, su espeso tiene y debe seguir viviendo.
Doña Guillermina, es posible que lleve junto a Héctor muchos años, se que es el padre de sus hijos se que la familia de el es su familia pero el que se muera por la razón que sea que lo haya dicho me ha dolido.
No más, leí sus consideraciones en Ecos del Sur y en Ecos del Suroeste, he entrado en un estado de impotencia y desaliento, pero mi identificación con los problemas de mis compañeros me ha llevado a comunicarme con la sede central del SNTP.
Olivo D León, secretario general, nacional, reacciono sorprendido por la noticia sobre el estado de salud de Héctor, diciéndome que no se habían comunicado con el.
Al igual que yo entiende que un ser humano no se puede dejar morir, por falta de recursos, por rabia, desaliento o impotencias y menos un ser humano de la talla de su esposo, mi colega.
Deben comunicarse con el urgentemente que algunas diligencias se pueden hacer porque los periodistas aunque mal mirados por los corruptos y malos ciudadanos, somos apreciados por una gran legión de hombres honestos.
Y sin la intención de pasar facturas por nuestras luchas a favor de las libertades tenemos deudores, que se han beneficiado que deben devolvernos en atención a nuestros sacrificios por el bienestar de ellos.
Nada de lo que en un momento de desgracias recibimos de la mano de un político, empresario o el Estado nos corromperá ni opacará nuestra dignidad de profesionales humildes y pobres por vinculación social.
Doña Guillermina, Héctor es su esposo, el padre de sus hijos, pero no solo le pertenece a usted, usted sabe que muchas veces el dejo compromisos con usted para atender compromisos contraídos con la comunidad, con el país, con su patria, entiéndalo.
El también nos pertenece y en nombre de esa propiedad por vinculación a las necesidades del pueblo, nosotros los periodistas y gente humilde y honesta de Azua y del país, queremos que siga viviendo.
Comuníquese con los gremios periodísticos que hasta ahora nadie lo había hecho, no todos tienen tiempo para estar conectados a las noticias de los pueblos, nosotros como habitantes de estos pueblos tenemos que hacernos sentir, debemos hacer nuestras diligencias.
Conéctese con los dirigentes de esos gremios que están en obligación de junto a usted salvar la vida de su compañero, del padre de sus hijos y de su compañero en la búsqueda de soluciones a las necesidades de su comunidad.
Esto lo aprecio en la fuerza y desiciòn que tiene su artículo en el coraje con que se conformaría con la muerte antes que arrodillarse, pero el que se arrodilla para salvar una vida recibirá grandes recompensas divinas. QUE no se nos muera, aún lo necesitamos vivo.
Aún tiene que acompañarnos en la última jornada a favor de los pobres haciendo que se cumpla todo cuanto está estipulado en nuestra Constitución de mejorar las condiciones de vida de los dominicanos desposeídos.