
En un torneo con una temporada regular de 12 semanas entre seis u ocho equipos con rósters que incluyen a futuros prospectos y jugadores con experiencia en las Grandes Ligas, y en algunos casos estrellas y hasta súper estrellas del béisbol, la labor más difícil no es precisamente batear o lanzar bien, sino dirigir. "Dirigir en esta liga se está convirtiendo en un arma de doble filo, pues si no lo haces bien en un tiempo muy corto puedes quemar tu carrera como técnico en el béisbol organizado, por eso es que muchos actuales técnicos lo piensan muy bien para aceptar un trabajo como mánager en la pelota invernal", me dijo recientemente un gerente general de la pelota caribeña. La lucha por la clasificación es muy difícil. Una buena semana puede colocarte en la clasificación, pero una mala semana puede enviarte al foso. Por el formato de clasificación en Venezuela y Dominicana, por ejemplo, poco importa ser el primero o el último entre los clasificados, lo importante es clasificar. El único incentivo es seleccionar refuerzos de los demás equipos para la ronda de Round Robin, la cual es una etapa muy diferente a los primeros tres meses de campaña.
Y es que en las Ligas Invernales la presión de los fanáticos es férrea. Es una marcación a presión hombre a hombre que se siente sobre los hombros de los Gerentes Generales. Para los fanáticos alrededor del Caribe las decisiones drásticas y sorpresivas deben ser pan nuestro de cada día. No hay oportunidades para mejorar, un momento malo es simplemente inaceptable y el no tomar acciones inmediatas es sinónimo de ineficiencia y mala gerencia. No hay espacio para experimentar, no hay tiempo que perder ni status o conocimiento del béisbol que valga.
O ganas, o ganas. El que no lo entiende o no puede hacerlo&se va y punto.
¿Pero por qué la competitividad en el Caribe es tan drástica? ¿Se puede dirigir con tanta presión?
"Es una decisión difícil y si estuviese en mis manos hubiese tomado la misma decisión" dijo Max "Mako" Oliveras tras su despido en Venezuela por las Águilas del Zulia, tras dejar marca de 4-11 en los primeros 15 juegos de la temporada, colocando al club en los últimos lugares de la tabla.
"Es la decisión más difícil que me ha tocado tomar en mi corto tiempo como gerente" dice Ruperto Machado, el jefe de los emplumados. "Despedir a Mako es como contradecirse porque uno mismo es quien lo coloca en ese lugar y uno mismo es quien lo saca. Uno entiende que no todo es culpa de él porque el mánager no batea, ni lanza, pero en esta liga hay que tomar estas decisiones para hacer un impacto a tiempo y que los fanáticos vean que realmente hay interés por hacer un equipo competitivo" explica.
"Cuando estábamos perdiendo ni quería ir al estadio" confiesa Machado.
En el caso de Zulia, Oliveras fue sustituido de manera interina por Lipso Nava, quien viene de completar su primera temporada como mánager en Clase A con los Gigantes de San Francisco. Nava, de 43 años, tomó las riendas del club donde una vez fue ídolo como jugador y se enrachó con siete victorias al hilo, 9 victorias y 3 derrotas en sus primeros 12 juegos y el ascenso en la clasificación hasta la cuarta posición.
"Para mí esta oportunidad llegó de pronto, pero estoy contento por el apoyo que me ha dado mi cuerpo técnico. Tenemos una excelente relación, nos conocemos desde hace muchos años, jugamos juntos por este equipo y sabemos cuál es la filosofía del club. Cuando los jugadores se inspiran y ponen un extra para ganar las cosas salen bien" explica el mánager novato.
Nava es un excelente candidato y tiene el perfil para dirigir a un club como el Zulia a largo plazo. Mientras las victorias llegan los fanáticos en el Luis Aparicio corean el nombre "Lipso, Lipso" tras las victorias. El reto es mantener esta actitud en los días difíciles.
Y es que para pensar en un mánager por años en la pelota invernal depende hoy en día en la influencia de la voz de los fanáticos en las esferas de la gerencia. Esa frustración, a veces sin fundamento, retumba en el sentido de responsabilidad de los gerentes quienes llegan a tomar la decisión del cambio de mando, en muchos casos de manera acelerada. El equipo que más firme se ha mantenido con su mánager en el Caribe en la última década son los Tigres de Aragua con Buddy Bailey. A su vez, ha sido el club más exitoso y ganador, a pesar de que tanto Bailey como el club han pasado por momentos amargos con temporadas sin lograr clasificación.
No es una tarea fácil. Los equipos en la pelota caribeña son distintos en octubre, en noviembre y en diciembre, las circunstancias del torneo son diferentes, los bates calientes, los lanzadores con rachas, etc. Para los equipos que logran clasificar el escenario en postemporada es como una nueva mini-temporada. La Serie Final es un "fuego hasta la muerte". Mientras en las Grandes Ligas mantener una actuación consistentemente positiva durante una temporada es una situación factible, irónicamente en el Caribe se hace una labor titánica, hoy en día, casi imposible.
Seis despidos en seis semanas
Además de Oliveras, en las primeras seis semanas de pelota invernal, los equipos en Venezuela, Dominicana y México han reemplazado a otros cinco dirigentes por razones muy similares: falta de paciencia, presión de los fanáticos y necesidad inmediata de buscar un cambio en el equipo a cualquier costo.
El otro caso en Venezuela fue el de Tim Teufel con los Leones del Caracas quien en las primeras semanas ganó elogios por su juego agresivo, pero que tras experimentar 9 derrotas en 11 partidos. Un equipo plagado de lesiones y un róster cambiante no fueron excusa suficiente para que el próximo miembro del staff de Grandes Ligas de los Mets de Nueva York se quedara a probar si era capaz o no de salir de un "slump". El mismo Teufel no aguantó la presión de verse con el agua al cuello.
El dominó invernal comenzó cuando el Caracas designó como estratega interino a Carlos Lezcano, pero decidieron probar suerte con el veterano Rick Sweet, quien a su vez, había sido despedido por las Estrellas Orientales en la República Dominicana tras un inicio de 4 y 9. Tras colocar a Rodney Linares de manera interina, la gerencia de San Pedro de Macorís apostó ahora por Jack Voight.
Sweet es el octavo elemento que desfila por la silla de mánager del Caracas en las últimas seis temporadas.
Los Gigantes del Cibao previamente le dijeron adiós a Arturo De Freites tras dejar marca de 2-10 en sus arranque. Héctor "La Manta" De La Cruz fue nombrado en este cargo sustituyendo a Bonnie Castillo de manera interina.
Ni para los Gigantes, ni para las Estrellas los cambios han sido positivos. Ambos conjuntos se mantienen en el fondo de la tabla.
En la Liga del Pacífico, los Mayos de Navojoa despidieron al boricua Orlando Sánchez tras arrancar con marca de 4-7, siendo sustituído por Lorenzo Bundy, quien es ya un comodín para cualquier equipo en México. Días después a los Naranjeros se les acabó la paciencia con Ever Magallanes tras marca de 8-12 y terminaron ratificando al norteamericano Bill Plummer en el cargo. En ninguno de estos dos casos se ha producido cambio drástico en la actuación del club.
¿Los próximos?
Aunque en Guasave se habla de la confianza a Matías Carillo, es posible que la paciencia se acabe y termine saliendo por la puerta trasera en los próximos días tras mantenerse en la última posición. En Margarita, la llegada esta temporada de Don Baylor llenó no sólo al club, sino a la Liga de expectativas por el prestigio de este emblemático hombre de béisbol, sin embargo no ha podido levantar vuelo con los insulares, aunque esta semana la Gerencia ha ratificado su apoyo.
Por su parte la paciencia está a punto de explotar en Barquisimeto con Pedro Grifol al frente de los Cardenales de Lara, quien no goza con el respaldo de la fanaticada ante la percepción de mantenerse en el cargo por motivos de desarrollo y chequeos de peloteros por un acuerdo de trabajo entre esta organización y los Marineros de Seattle. Grifol, quien tiene más experiencia en las oficinas de béisbol que en el terreno no consigue la ruta ganadora.
Y es que para buscar un cambio, no hay lugar como en el Caribe para aplicar aquellos dichos que dicen: "Es más fácil despedir a uno, que despedir al 25" y "El mánager es el que paga los platos rotos". Quizás tengan buena utilidad para la presión de los fanáticos, pero no para el desarrollo de una filosofía estable como organización de béisbol.