El país nuestro, ha sido azotado en los últimos años, por una modalidad de robos en la que una cadena de exportación de metales, parece ser el común denominador de toda la problemática, en la que grandes embarcaciones, transportan metales a China y otros destinos más.
No hay corrupto sin corruptor, y en el caso, los grandes negocios que contemplan el trasiego de metales, de nuestro país a otros, actúan como financiadores de un comercio, de una mercancía que es producto de dolo, en la mayoría de los casos y que por demás, nuestro país no es productor de metales a gran escala, por tanto, los metales comercializados al exterior, son bienes con un alto valor agregado, vendidos como chatarra, generando grandes beneficios al los exportadores de los mismos y grandes perjuicios a la población, cuyas dimensiones son mayores que los que cualquiera se pueda imaginar.
Un país, no puede ser exportador de lo que no tiene, y en el nuestro, se está exportando lo que no se tiene y no se puede, creando un comercio, que en medio de la crisis económica y de oportunidades de vida, para la clase más desposeída, una motivación hacia el hurto, bastante preocupante, el estado Dominicano, como ente regulador, tiene que tomar el toro por los cuernos, suspendiendo de inmediato, la exportación de metales, los cuales no son tales, simplemente