
La soledad es el mayor enemigo del alma. Lo dicen los expertos en salud. También las encuestas: los occidentales valoramos sobre todo la familia y las relaciones de pareja. Sin embargo, en España hay más de diez millones de personas -solteras, viudas y divorciadas- que viven solas. ¿Acaso la carga hedonista con que nos ha sumido la modernidad es la causa de este fenómeno?
Porque la conquista de la gran liberación sexual, de la que ha sido testigo el siglo XX, la hemos llevado a cabo echando por la borda coacciones, modelos y tradiciones. ¿Y a cambio? Pues un conjunto de hombres y mujeres implicados en la devoción al éxito personal y en el culto a las libertades y a su cuerpo.
Pero esa desvinculación tiene sus riesgos. De una parte despreciamos la fidelidad como valor caduco, pero de la otra necesitamos confiar en alguien que nos ayude a vencer la soledad y a superar las intermitencias de la fortuna. Porque cuando el mundo se vuelve hostil, o al menos inclemente, la llamada al refugio íntimo se hace muy poderosa. Pero, ¿qué sucede si al llegar a él te encuentras con que los aires culturales han destruido la casa y sólo quedan los escombros?
Lo cierto es que necesitamos sexo, pero también compañía, comprensión, serenidad, sentido? ¿Qué solucionan las nuevas tecnologías? Pues en parte sí porque facilitan mucho la comunicación. Hoy podemos conectarnos con una persona que vive en cualquier parte del mundo al instante y trabar amistad a través de internet. Por otro lado, cada vez es mayor el número de empresas que se han apuntado a atender a los «singles» -término utilizado para denominar a las personas que se encuentran solas-. Porque ser «single» y hacerte socio de uno de estas empresas te da la posibilidad de asistir a todo tipo de actividades: tertulias, cenas, fiestas, viajes ?. Y todo perfectamente estudiado, gracias a relaciones públicas que cuidan hasta el mínimo detalle para que el grupo se cohesione de forma respetuosa y espontánea y cada uno pueda encontrar pareja, amigos o ambas cosas a la vez. Distintas variables con un mismo resultado: huir de la soledad.
La verdad es que hemos jaleado tanto la individualidad que nos ha emborronado en exceso el mapa de la vida Y nos está saliendo muy caro. La pregunta es si en este siglo seremos capaces de pagar el precio de semejante desvinculación.