
Por primera vez se comienzan a escuchar voces discordantes con la euforia revolucionaria que antes era unánime en esta región.
Embutido en un uniforme militar y acompañado por una nutrida cohorte de guardaespaldas, el general Abdul Fatah Yunes, afirmó que "como en toda guerra del desierto los frentes cambian cada hora".
"Volveremos a Ras Lanuf hoy o mañana", añadió frente a los periodistas. Pero la convicción de Yunes no parecía responder a la realidad que se apreciaba hoy en la línea de frente que se ha establecido ahora en torno a la aldea de Egeila, a varias decenas de kilómetros ya de la estratégica instalación petroquímica de Ras Lanuf.
Los propios combatientes rebeldes admitieron que Ras Lanuf fue capturada por completo el viernes por la noche tras una última arremetida que dejó 6 muertos y decenas de heridos en sus filas.
Una nueva debacle militar que confirma la progresión sistemática del ejército del régimen, muy superior en parafernalia bélica a un conglomerado de milicianos que sólo se sostienen en su determinación que se quebró ante los nuevos bombardeos que lanzó la aviación contra sus posiciones más avanzadas ubicadas en Egeila.
Tras las deflagraciones, que levantaron una enorme columna de humo, varias decenas de jeeps y vehículos cargados de revolucionarios partieron a la carrera en dirección a Brega, sede de otra planta petroquímica de enorme importancia estratégica y que se delinea como el próximo objetivo de las fuerzas leales a Trípoli.
Pese a las informaciones difundidas por algunos medios de comunicación, Brega permanecía en calma hasta esta tarde aunque las defensas establecidas en los alrededores de este enclave eran tan precarias como las que se apreciaron en Ras Lanuf. Varias docenas de todo-terreno equipados con ametralladoras antiaéreas y rebeldes equipados con cohetes antitanque.
La mayor parte de la población de Brega ha huido consciente de que el avance de las fuerzas armadas de Gadafi es inexorable. De hecho, por primera vez se comienzan a escuchar voces discordantes con la euforia revolucionaria que antes era unánime en esta región.
"Queremos que vuelva el ejército (de Gadafi). Esta gente está todo el día disparando. Queremos seguridad", explicó a ELMUNDO.ES un residente de Egaila que no quiso dar su nombre por miedo a la "reacción de los rebeldes". El mismo miedo se constataba en Bishr, otra aldea situada antes de Brega, donde los residentes se habían concentrado para proclamar su "neutralidad". "No estamos ni con un lado ni con otro. Somos simples campesinos", manifestó uno de los presentes.
El coronel rebelde Bashir Abdul Qadr reconoció que sus fuerzas se han replegado de Ras Lanuf y adujo que lo hicieron porque temen que como han alertado los expertos que trabajaban en esas instalaciones el fuego que se ha declarado en la misma derive en una masiva explosión de los tanques que contienen miles de toneladas de materiales tan peligrosos como etanol y gas líquido.
Según Abdu Qadr, los ingenieros de Ras Lanuf le han asegurado que tal deflagración se producirá en los próximos 5 días y arrasará varios kilómetros a la redonda.
La ofensiva general que había anunciado el hijo de Gadafi, Saif al-Islam, se concretizó también en el oeste donde otra columna de vehículos blindados intentó forzar las defensas rebeldes que controlan los accesos a la ciudad de Misrata, la tercera villa del país.
La marcha de los uniformados de Gadafi podría desembocar en una batalla mayor en torno a la ciudad de Ejdabia, donde los sublevados si disponen de una cierta presencia militar y cuentan con varios vehículos blindados y toneladas de munición.
La Liga Árabe apoya a los rebeldes libios y reclama una zona de exclusión aérea
Los países árabes dieron ayer luz verde a la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia para frenar a la aviación de Muamar Gadafi, que ha arrinconado a los rebeldes al este y causado ya centenares de víctimas. El respaldo de la Liga Árabe, que ha reconocido como interlocutor legítimo al Consejo Nacional de Transición Interino -el gobierno rebelde- y que ha dejado al dictador más aislado que nunca, es fundamental para convencer a los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas todavía reticentes a establecer esta restricción como China y Rusia.
Para el organismo panárabe, que ayer se reunió en El Cairo en sesión extraordinaria, el régimen de Trípoli «ha perdido legitimidad» por las «peligrosas violaciones» cometidas contra su pueblo en las últimas semanas. Su secretario general, Amro Mussa, anunció además que el organismo pensaba iniciar contactos con los rebeldes, lo que supone su reconocimiento práctico.
Al parecer, la decisión se tomó por unanimidad, según señaló el ministro de Exteriores de Omán, Yusef ben Alawi ben Abdulá, que presidió la reunión. Sin embargo, fuentes diplomáticas dijeron horas antes de que se anunciara la decisión oficial que Argelia y Siria rechazaban la medida, ya que consideran que abre la puerta a la intervención militar extranjera. Ambos países, liderados por gobiernos represivos, son firmes candidatos a experimentar revueltas como las que se han vivido en Egipto, Túnez y ahora Libia. Ayer, el Consejo Nacional de Transición acusó a Argel de fletar vuelos a Trípoli para trasladar a mercenarios y a Damasco de enviar armamento a Gadafi.
«La Liga Árabe pide a Naciones Unidas que asuma su responsabilidad» e imponga «una zona de exclusión aérea sobre el movimiento de aviones militares libios para crear áreas de seguridad en lugares vulnerables a los ataques aéreos», reza el comunicado emitido ayer por el órgano. Esta medida, sin embargo, tiene objetivos humanitarios y no militares, según aclaró Mussa.
La decisión adoptada por los ministros de Exteriores del organismo panárabe ha sido recibida con alivio por los rebeldes, que ven cómo sus fuerzas pierden el control de cada vez más poblaciones al este del país. Ayer, los combates continuaban en Ras Lanuf, a unos 450 kilómetros al oeste de Bengasi, la capital de los opositores, aunque la ciudad estaba prácticamente perdida. Las tropas de Gadafi atacan diariamente desde hace una semana por mar, tierra y aire esta estratégica urbe, que alberga una importante terminal de exportación de petróleo. Hace dos días consiguieron expulsar a los rebeldes, aunque los combates continúan en algunas zonas de su casco.
La aviación de Gadafi bombardeó ayer también Brega, la ciudad a la que se han replegado los rebeldes, a unos 110 kilómetros al este de Ras Lanuf. Parte de los sublevados ha retrocedido hasta Ajdabiya, un importante núcleo de comunicaciones para los opositores, ya que les permite unir Bengasi, que se encuentra a unos 160 kilómetros al este, con las ciudades del sur. Su pérdida sería un durísimo golpe para la defensa de la capital rebelde.
Misrata, a unos 200 kilómetros al este de Trípoli, era también atacada ayer por las fuerzas del régimen. Esta ciudad, la tercera del país, es el último enclave en manos de los rebeldes en el oeste de Libia después de la caída de Zauiya, donde el asedio de Gadafi ha causado, probablemente, decenas, si no centenares, de víctimas mortales.