
Una semana antes del campeonato de la PGA y a mes y medio de la Copa Ryder, el juego de Tiger Woods anda a los tumbos.
En la tercera rueda del torneo de golf de Bridgestone el sábado, Woods tuvo cinco bogeys, un doble bogey y dos birdies para completarla en 75 golpes, cinco sobre par. Es su peor marcador en 54 hoyos desde que se hizo profesional en 1996.
Y esa marca de 75 es la peor para una tercera rueda desde el abierto británico del 2002, cuando necesitó 81.
Después de completar su actuación estaba a 18 golpes del puntero y en el puesto 78 entre 80 participantes.
Desde que se hizo profesional, Woods nunca había estado más abajo del puesto 71 compartido después de 54 hoyos.
Woods achaca su crisis de juego al tiempo que emplea en ver a sus hijos
El Tiger Woods insaciable, el acumulador de títulos grandes, de récords históricos y de posiciones en el Top-10, el jugador que tiranizaba el mundo del golf antes de que su vida privada estuviese en boca de todo el mundo, se ha ido y en su lugar, bajo su misma piel, habita un jugador que intenta conciliar, hasta ahora sin demasiado acierto, los sacrificios para intentar jugar al más alto nivel con su nueva vida, con una agenda en la que los paréntesis para poder ver a sus hijos son cada vez mayores.
El número uno mundial confesó esta semana en Akron, Ohio, donde juega desde la pasada madrugada el WGC Bridgestone Invitational, una de las citas de la serie anual del Campeonato del Mundo.
Desde la separación de su mujer, Tiger asegura que ha aprovechado cualquier ocasión propicia para ver a sus dos hijos pequeños. "En general no he tenido demasiado tiempo para entrenar porque la prioridad era ver a los niños", explica woods, de 34 años. "Mi vida ha cambiado. No entreno tanto como solía ni como debería. Mis hijos son más importantes".
Woods, ganador de 14 torneos del Grand Slam, se impuso una ausencia de cinco meses del circuito profesional para intentar rehacer su vida y salvar su matrimonio una vez saltaron a la luz pública sus innumerables infidelidades. Desde que volvió al PGA Tour el pasado abril, no ha conseguido ganar ninguno de los siete torneos que ha disputado. "No es sólo un tema de concentración. También es un problema de preparación y del tiempo que tengo disponible durante los torneos, que es menor que antes". Tiger se refiere a sus compromisos publicitarios y a la atención mediática que le rodea desde que regresó, mayor si cabe que cuando era un número uno 'sin vida privada'. "Pero creo que las cosas se están normalizando", dice con optimismo
Sin prisas
El año pasado ganó seis títulos, pero Tiger asegura que no tiene ninguna prisa por volver a ganar e inaugurar su cuenta en 2010."Ya he pasado por períodod como éste otras veces. Sólo tengo que ser paciente, seguir trabajando. Cuando todo vuelva a estar en su sitio, seguro que consigo volver a ganar".
La pasada madrugada, Woods debía comenzar su asalto al WGC, un torneo que ha ganado siete veces en 11 participaciones desde su debut en 1997, la última el pasado año por cuatro golpes. Si el número uno mundial acaba con su mala racha y el domingo corona el cuarto recorrido en el primer puesto, habrá igualado como recordman absoluto de triunfos en un solo torneos con nueve a Sam Snead, que ganó ocho veces en Greensboro entre 1938 y 1965.
Liderato en peligro
"Los drives y el juego con el hierro han funcionado bastante bien todo el año. El problema principal es el putt, no he putteado bien en todo el año, seguramente porque no he podido entrenar lo que debería", analiza Woods, al que desde hace tiempo persigue la posibilidad de ceder su número uno en el ranking mundial. De hecho, en el WGC de esta semana, Tiger entregaría el liderato a Phil Mickelson o Lee Westwood si uno de los dos vence y Woods no acaba entre los tres primeros