
El detenido Anders Behring Breivik enterró las armas y sus disfraces, para que su madre no sospechara.
Anders Behring escondió las armas y el disfraz de Policía que utilizó en la masacre contra el campamento juvenil de la isla de Utøya bajo tierra para evitar que su madre sospechara de sus planes. Lo cuenta el propio Behring en su diario, un documento de 1.500 páginas en el que el detenido detalla sus motivaciones para perpetrar la peor matanza en la historia reciente de Noruega.
Del escrito, colgado en Internet y publicado por VG, se desprende que este fanático noruego de 32 años empezó en diciembre a conseguir todos los objetos que necesitaba para lo que él llamaba "la operación". Al parecer compró un chaleco antibalas, armas de fuego e ingredientes para realizar la bomba con la que destruyó el centro gubernamental de Oslo matando a al menos siete personas.
El diario se vuelve más concreto conforme se acerca la fecha del doble atentado y muestra que Breivik tuvo grandes dificultades para conseguir el dinero que necesitaba para comprar lo necesario para su dramática misión. De hecho, cuenta que tuvo que mudarse al ático de su madre, lo que le obligó a ser mucho más discreto en sus preparativos. Además, estaba aterrorizado pensando que su madre o cualquier otra persona pudiera descubrir su ideología.
Compró un disfraz y luego, legalmente, varias armas. Las enterró todas para que su madre no las encontrase. Anders Behring convivió con su madre hasta que empezó la fase que llamó de "desarrollo" de la operación. Cuando ya resultaba muy difícil ocultar en qué estaba trabajando. En ese momento alquiló una granja, era el mes de mayo. Alli podía trabajar sin ser molestado.
Cuando fue a visitar por primera vez la granja para alquilársela a un matrimonio acudió en un coche de alquiler, al que le quitó todos los distintivos, para que pareciese suyo. Llegó a planificar una forma de escapar de la granja en caso de que alguien descubriera sus intenciones y fuera a buscarlo.
Al mudarse a la granja cortó prácticamente todo contacto con sus amigos. En sus escritos dice que ellos insistían en ir de visita, pero les daba largas diciendo que tenía mucho trabajo.
El día 13 de junio ya tenía todos los materiales del explosivo que luego utilizaría en el centro de Oslo. Ese día hizo una prueba de detonación. Explotó y lo consideró una victoria. Fue a celebrarlo a un restaurante.
Las últimas pruebas
Cuando las cosas le salían bien se premiaba con comida y dulces. Pero, en las semanas previas al ataque se dopaba con anabolizantes para afrontar el cuerpo a cuerpo de su "operación". En sucesivos días dijo estar preocupado por como los anabolizantes afectaban a su hígado y sobre si le hacían más agresivo. Varias veces comenta que teme ser descubierto.
El 18 de junio pasado la dueña de la granja pidió volver para coger unas pertenencias. Anders Behring le impidió el paso, le dijo que volviera otro día que estaba todo patas arriba. Le dio tiempo a limpiar. La mujer volvió el 21 de junio.
El día 2 de julio realizó por primera vez un simulacro de cómo sería el atentado. Cuenta que fue del sitio A al sitio B para familiarizarse con la ruta. Después desenterró los objetos que necesitaba y que había guardado cuando vivía con su madre y continuó fabricando la bomba.
Entre sus últimas notas se pregunta "¿Qué pasa si se presenta ahora la Policía? Creerán que soy un terrorista", se mofa. Lo último que hay escrito: "Creo que este será mi último mensaje. Ahora es viernes 22 de julio.
A las 15.20 explotaba la bomba en el centro gubernamental de Oslo. Dos horas después disfrazado de Policía disparaba a diestro y siniestro contra jóvenes del partido laboralista en la isla de Utøya.