La derrota de República Dominicana se puede entender como la crónica de una muerte anunciada. Apabulló a Cuba, tambaleó con Venezuela y cayó con lo justo ante Canadá.No tuvo que pasar demasiada cantidad de agua bajo el puente para entender que el equipo de John Calipari tiene problemas preocupantes, sobre todo si se tiene en cuenta que llegó a Mar del Plata con la misión grabada a fuego de pelear por un pasaje a Londres 2012.
La cara del coach de Kentucky lo decía todo en el banco. Un equipo con tres NBA que terminó siendo dependiente de un gigante de corazón valiente como Jack Michael Martínez. Un equipo que todavía no le encuentra la vuelta al base titular, porque Edgar Sosa aún está un poco verde para caer del árbol, y porque Luis Flores, un talento por años de este país, no termina de encontrar su posición, porque luce como un híbrido entre un base y un escolta.
Dominicana parece un equipo que tiene la lógica de Space Jam: sus mejores jugadores se pasean con un físico envidiable, una técnica perfecta, pero el talento parece haberse escapado por un hueco imaginario.
El caso más emblemático es el de Charlie Villanueva. El alero de los Pistons no sólo está jugando a un nivel preocupante, sino que luce con algo de sobrepeso y sus movimientos, siempre una marca registrada de su juego NBA, se han vuelto tan predecibles y lentos que comete faltas tontas, casi de novato.
"Charlie sufrió una lesión en el tendón de aquiles cuando entrenábamos en Lexington y sólo tuvo tres entrenamientos con nosotros. Está intentando recuperar su ritmo. Hoy le cobraron tres faltas rápido, lo hubiera querido tener más minutos en cancha, pero la realidad es que no pude por la situación de juego", señaló Calipari al ser consultado por este tema.
La realidad es que Villanueva pasa más tiempo en el banco con una toalla en la cabeza que sobre el rectángulo de juego. En la derrota ante Canadá, jugó sólo siete minutos y medio y se fue sin puntos. En los partidos anteriores, jamás encontró el termómetro para hacer la diferencia.
El caso de Francisco García también está bajo la lupa. Terminó el juego con lágrimas en los ojos, golpeado por su flojo rendimiento y por la derrota de su equipo. Alguien dirá con razón: son sólo dos jugadores, eso no puede lastimar la química de conjunto. Algo de cierto hay, pero lo que es claro es que no se trata de dos jugadores cualquiera. Son parte de la materia prima que convierte a Dominicana en uno de los equipos candidatos en este torneo.
Ante Canadá, la lógica del partido fue simple. Leo Rautins, seducido por la falta de puntería del perímetro de Dominicana (6-22 en triples), mandó durante el segundo tiempo entero una zona 2-3 con ajustes sobre el portabalón. Tan baja fue la performance de los francotiradores dominicanos que casi no intentaron triples en la segunda mitad -a excepción de los dos lanzamientos sobre el final de García- sobrecargando todo el juego en Al Horford y Martínez.
¿Cuál fue la razón? Falta de confianza. Cuando algo no se puede materializar, la solución más simple es dejar de hacerlo. Y el resultado de una acción semejante es solucionarle la vida al rival.
Con este panorama, todo fue fácil para Canadá, un equipo sólido, que parece construirse con la prolijidad de un roster de NCAA. La idea fue doblar a Horford en el poste bajo para que el cento de Atlanta Hawks, más por determinación que por ideas, atacara el aro sin buscar a sus compañeros.
El básquetbol, siempre, se trató de preocupaciones. Si el perímetro no participa, la pintura se sobrecarga. Si el perímetro encesta, el juego se hace equilibrado, porque ante los doblajes, la descarga del interno y la rotación veloz al lado contrario obliga a la defensa a moverse. Canadá, en este partido, entendió todo, y es por eso que se convirtió en la primera sorpresa del Preolímpico.
Dominicana fue previsible, errática y poco inteligente. Quizás la charla técnica de John Calipari, que se extendió más de lo habitual, tuvo que ver con este marco de situaciones.
Recuperar a sus estrellas, trabajar mucho en la mentalidad de las figuras y enfocarse cuanto antes, pueden ser los argumentos que le devuelvan a Dominicana su halo de protagonista.
Tienen con qué. Desde aquí, los seguimos esperando.