La maravillosa historia de los niños del cohete - Barahoneros

sábado, 6 de noviembre de 2010

La maravillosa historia de los niños del cohete


Los niños pueden alcanzar cosas maravillosas,esta es una historia verdadera.


En 1957 dos niños pequeños soñaban con mandar un cohete al espacio. Terence, de sólo nueve años, y Bruce, algo mayor y ligado a una silla de ruedas a causa de una parálisis cerebral, creían tener los conocimientos necesarios para poner un pequeña nave en órbita. Y pensaban incluso en añadirle un ratón como tripulante. Pero no tenían el dinero para poder llevarlo a cabo.

Como el padre de Terence era investigador de la Universidad de Buffalos en Nueva York y trabajaba para el NIH (los estadounidenses Institutos Nacionales de la Salud), ambos no dudaron en a quién pedir la pequeña inversión que necesitaban. Mandaron esta carta a la División de Presupuestos de Investigación del NIH:

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, la carta no acabó en la basura… sino en el escritorio de Ernest Allen, responsable de Presupuestos del NIH. En los cincuenta, la vacuna de la polio había relanzado el interés por la investigación médica y Allen sabía que no podía permitirse la justicia poética de regalar dinero a unos niños. Pese a ello, planteó la petición en una reunión del Consejo Nacional de la Salud. Nadie fue partidario de quitar 10 dólares de las arcas estatales, pero entre todos recaudaron la suma que los pequeños pedían. La siguiente carta confirmó la ‘concesión’ de la ayuda:

Con el dinero en su poder, los niños se pusieron manos a la obra. Tras varios infructuosos intentos, consiguieron un lanzamiento extraordinario. Tanto, que el cohete se perdió de vista en el cielo y acabó cayendo a casi veinte kilómetros de distancia.

La grandeza de esta historia no reside sólo en la entereza de estos niños. También en cómo los responsables del NIH supieron aprender de este reto: desde entonces, este organismo tiene diferentes programas destinados a fomentar la creatividad científica en los mas pequeños. De hecho, la contraportada del librito que resume la experiencia de Terence y Bruce es reveladora:

Los finales de las historia no siempre son buenos. Mientras Terence acabó convirtiéndose en un exitoso cantautor, Bruce murió en su juventud al parecer por complicaciones en su paralisis cerebral.