
Santo Domingo .-Ring, ring. Aló. Jenny, ¿dónde estás? Con estas palabras inició la agonía de Julio César Pérez Arache, un joven de 31 años que también fue una de las víctimas mortales del grupo de menores que asesinó a siete taxistas.
Sin embargo, Julio no se desempeñaba en esa profesión, pero el pasado seis de febrero el destino le jugó una mala pasada, cuando a pesar de los ruegos de Jenny Soto, su esposa y quien tiene ocho meses de embarazo, salió a celebrar el cumpleaños de su compañero de trabajo Melvin junto a su hermano menor, de 22 años, Ángel Oller.
Entre sollozos y amargos recuerdos Jenny narró que su marido perdió la vida al ser impactado por tres disparos que le perforaron los intestinos.
“El hecho ocurrió en la avenida España cuando Julio y Ángel estaban compartiendo, pues momentos antes Melvin los había llamado para decirles que el ‘coro’ se había barajado, porque su novia no lo dejaba salir”, explicó la hoy viuda.
Dijo que la última llamada de Julio la recibió a las 11:50 de la noche, diez minutos antes de que los menores los atracaran a punta de pistola.
El atraco
“Yo no estaba ahí, continúa narrando Jenny, pero Ángel me dijo que los muchachos se les acercaron y les pidieron que les entregaran el dinero y ellos les dieron los RD$500 que tenían, luego les quitaron el celular a Ángel, pero el de Julio se lo dejaron, porque no se lo lograron ver, ya que era muy plano”. Indicó que luego de que los menores se estaban retirando Julio intentó atacar a uno de ellos, el que estaba armado, quien reaccionó rápidamente disparando el arma cuatro veces. Una de las balas se perdió, dos lo impactaron en el estómago y el bajo vientre y la otra en un pie.
“Tras ser herido Ángel pidió ayuda y entraron a Julio en su carro trasladándolo rápidamente a la clínica Integral I, donde le ofrecieron atenciones. Pero todo fue en vano porque tres días después de ser herido y de realizarle varias transfusiones de sangre mi Julio murió de un paro cardíaco”, señaló.
Identificación
Precisó que luego de la tragedia Ángel y ella se dirigieron al destacamento Felicidad del sector de Los Mina a querellarse y todo quedó ahí. Pero que cuando escuchó las noticias sobre la captura de los menores sintió un salto en el pecho y le dijo a Ángel que volviera al destacamento para ver si tenían fotos de los antisociales. “En el cuartel se las mostraron y él logró identificar a uno de ellos, por lo que procedieron a comparar un retrato hablado que habían hecho y vieron que coincidían”, dijo.
Fuente: El día