
El 34% de las mujeres que buscaron auxilio en la Unidad de Protección de las Víctimas de la Violencia en el Distrito Nacional fueron amenazadas con armas de fuego por sus parejas o exparejas.
Un estudio realizado del 30 de mayo al 10 de junio de este año por la investigadora Orlidy Inoa sobre la incidencia de las armas de fuego en la violencia de género, aporta también el dato de que el 94% de las víctimas se sienten en peligro. En el 83% de los casos el arma es portada legalmente por el agresor.
Apunta Inoa que entre 2006 y hasta marzo de 2011, la Unidad de Protección de Víctimas de la Violencia capitalina ha decomisado como medida cautelar 474 armas; la mayor cantidad de ellas en el 2007, cuando se retuvieron 129.
En el 44% de las casos estudiados mediante la aplicación de una encuesta, la relación de la mujer con su agresor es la de excónyuge o expareja legal; en el 17% la de cónyuge legal actual; en el 22% la de expareja en unión libre; y en el 17%, fue un desconocido.
Los desempleados son los menos, 17%, entre los hombres han amenazado con armas de fuego a la mujer. Los militares y policías, 22%, los más. En la muestra estudiada por Inoa, los abogados representan el 5%; los empleados privados y los corredores de bienes raíces, el 6% cada uno; los choferes, ingenieros y empresarios y comerciantes, el 11% en cada caso. Un 11% de las mujeres no reveló la profesión u oficio de su agresor.
La amenaza de utilizar el arma afectó por primera vez al 33% de las mujeres; un porcentaje igual dijo no haber pasado nunca por esa situación. En cambio, el 6% de las mujeres respondió a la pregunta afirmando que el agresor “siempre lo hace”; el 11% que “lo hace con frecuencia”, y el 17% que lo “hace con poca frecuencia”.
Añade el estudio que en el 39% de los casos el agresor ha amenazado directamente con el arma a la mujer. Pese a ello, un 89% de las agredidas respondió a la encuesta que la policía no decomisó el arma con la que fueron amenazadas, y el 11% rehusó responder.
Inoa llama la atención sobre el hecho de que, por lo general, las mujeres entrevistadas son víctimas que sienten aprensión de hablar de lo sucedido o son parcas en el detalle de lo que les ocurre.