
Wellington Menezes de Oliveira abrió fuego contra los niños y se pegó un tiro
Un joven de 23 años provocó este jueves una masacre en su antiguo colegio en Río de Janeiro. Armado con dos revólveres, Wellington Menezes de Oliveira abrió fuego en el interior de la escuela municipal Tasso de Silveira, mató a 10 estudiantes y acabó suicidándose al verse sorprendido por varios policías que patrullaban la zona. El tiroteo dejó además 18 heridos, entre niños y trabajadores.
El ex alumno accedió al edificio, situado en el barrio de Realengo, en la zona oeste de Río, bajo el pretexto de dar una conferencia. Según un barrendero que presenció la escena, Wellington llegó hasta un aula donde unos 40 niños asistían a una clase de portugués pasadas las ocho de la mañana.
"Sin decir nada, sacó una pistola de la mochila y empezó a disparar. La policía llegó y él intentó subir a la siguiente planta. Cuando vio que estaba cercado, se pegó un tiro en la cabeza", explicó Dorival Porto Rafael a la prensa brasileña.
"Con el eco, parecía que algo se estaba desmoronando", relató otra trabajadora. "Todo el mundo corría, era desesperante", dijo.
Fuentes policiales informaron de que Wellington había dejado una carta en la que expresaba su "determinación de suicidarse después de la tragedia", como finalmente ocurrió. Los detalles del texto, aparentemente de contenido confuso, aún no han sido dados a conocer.
Heridos graves
Los fallecidos son nueve niñas y un niño de entre 12 y 14 años, además del propio agresor, según informó la Secretaría de Salud del Gobierno de Río. Inicialmente, el balance oficial elevó erróneamente la cifra a 13 víctimas mortales.
Los heridos fueron trasladados a un hospital cercano, en su mayoría con impactos de bala en el tórax y en la cabeza. Los médicos improvisaron una sala para atender también a los padres y familiares.
Dilma, 'consternada'
El alcalde de la futura ciudad olímpica, Eduardo Paes, el gobernador del estado, Sérgio Cabral, y la jefa de la Policía Civil, Martha Rocha, se desplazaron al colegio inmediatamente después de ser informados.
Mientras, el portavoz de la Presidencia brasileña, Rodrigo Baena, afirmó que Dilma Rousseff está "consternada" con lo ocurrido en Realengo y sigue las informaciones "con grave preocupación". A mediodía, la jefa de Estado estuvo a punto de romper a llorar al pedir un minuto de silencio durante una ceremonia en la capital para celebrar la inscripción de un millón de emprendedores en un programa federal.